LLEGAR Y BESAR EL SANTO

Cualquier pescador de surfcasting sabe lo difícil que resulta planificar una jornada de pesca y que todo salga según lo previsto, y más si se buscan grandes doradas. Aún así todos ansiamos a este bello espárido y por ello le dedicamos muchos de nuestros días de pesca sin lograr picada alguna. Ayer ilusionados y resignados a partes iguales por lo acontecido en la jornada del sábado, donde solo pudimos capturar un buen rancho de herreras, nos dispusimos a acudir al pesquero. En esta ocasión nos acompañaba Juanga, a partir de ahora “El Bendecido” con su desparpajo habitual. Mientras bromeábamos y observábamos que justo teníamos un trasmallo en frente se fueron uniendo dos amigos más (Morgán y Pavón) con buenos equipos y gran técnica de lanzado.

Tras lanzar todas las cañas nos sentamos en nuestra silla para ir preparando los aparejos y afrontar la jornada con todas las garantías posibles. De repente, Sergio, otro de los Pescapoco, comenta que una de las cañas de Juanga está levemente destensada (no le damos mucha importancia) ya que a las mías también le había tocado el roamen y probablemente fuera eso lo que toqueteaba la americana. Entonces fue cuando surgió la leyenda del Bendecido,,,

Una vez puesta en tierra los demás veíamos doradas por todas partes, cualquier leve movimiento de la caña era una posible dorada. Pavón no tardó en engañar a una bonita herrera que vino acompañada de alguna más capturadas por Morgán y un servidor, cuyos aparejos parece que solo quieren a estos peces rayados. Pero lo mejor estaba por llegar. Morgan capturó un precioso sargo que no dudó en atacar la tira de sepia perfectamente presentada.

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Precioso sargo capturado por Morgan

Lo más curioso, uno de esos misterios que hacen que por mucho que los pescadores demos mil vueltas e intentemos tener todo previsto, fue que el único que pescó doradas fue Juanga, que también puso en tierra otro sargo similar al de MOrgan. Casualmente, todo lo pescó con la misma caña, a escasos cinco metros de la de Sergio, que no tuvo picada alguna, y eso que compartían cebo, modelo de caña, carrete e, incluso, las mismas vueltas en cada lance. AL final salieron dos hermosas doradas, una de kilo y otra de dos kilos, dos sargos y varias herreras. Tuvimos alguna picada más pero en ese caso el pez ganó la partida y burló el anzuelo.

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Como dato curioso de la jornada la captura de ese mini-pulpo que venía refugiado en un trozo de madera, tal vez el único hogar seguro en una playa de arena.

Foto finish

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