Líbrame de las aguas mansas…

Desde hace unas semanas nos hemos propuesto convertir al lunes en un día grande, siempre que el tiempo y otros menesteres lo permiten, y reunirnos con la pesca como excusa para empezar la semana con buen pie. Ayer no fue diferente e incluso se sumaron nuevos “pescapocos” por lo que la tarde pintaba bien: agua en calma, apenas soplaba viento, cebo variado y fresco y unos aperitivos que cada vez van ganando en consistencia. Con todo esto solo faltaba que los peces diesen la cara y nos hicieran pasar una noche inolvidable. Una vez en el pesquero montamos todas las Cañas en busca de la ansiada dorada con titas, navajas y lombriz de arena o catalana. En algún lance optamos por el foam sabedores de la presencia de palometas y jureles buscando el primer combate. Como la actividad era nula y no había roamen, decidimos montar la pequeña y vetusta caña de spinning por si al caer el sol veíamos actividad en superficie. Juan Luis, de aquí en adelante “el Vinilo”, decidió probar fortuna haciendo gala de una incesante paciencia que poco a poco se va tornando en sapiencia. El “vinilo” no cesaba en su empeño una y otra vez lanzaba su muestra por encima de las olas mientras aguantaba ciertas bromas del resto de compañeros. De repente, y no es la primera vez comenzó a gritar mientras su carrete soltaba hilo y la caña se arqueaba lo que nos hizo acudir ipsofacto. En un momento se hizo con la jurela más grande que he visto capturar en mi vida, cuyo peso superaba el kilo. Todas las risas se tornaron en ganas por probar con los señuelos de los demás, pero solo el “chef Borja” pudo hacerse con otra jurela de buen porte pero nada que ver con el monstruo anterior. Juanlu, demostró que era su día con otra captura, una baila mediana que no supuso mayor dificultad para sus hábiles manos. Miguel pudo coronarse con otra bella picada pero esta vez el pez ganò la batalla, aunque no la guerra, ya que su ilusión lejos de evaporarse se incrementa día a día.
Tras dejar a un lado los artificiales todo nuestro interés se centraba en una picada en las Cañas de surf, que no tardo en producirse en la catalana de un serivdor, que dicho sea de paso anoche hizo un bolo de campeonato. José Alberto, al que últimamente llaman el silencio, y que goza de un momento dulce, tampoco tuvo su noche ayer y no logró tocar escama alguna. De hecho la única captura “entera” fue otro jurel que el chef logró engañar con una Tita presentada con boya de color verde fluorescente. El Vinilo, lejos de conformase con el recital que estaba dando volvió a dejarnos boquiabiertos cuando su caña se quedo totalmente destensada. Lo mejor estaba por venir mientras disfrutaba acercando a la orilla una bonita captura el peso disminuyó de repente. Cual fue la sorpresa de todos cuando vimos que solo venía la cabeza de un besugo de buen tamaño temblando y una dentellada de lo que intuimos podía ser una anjova, tallan o chova. Por lo demás la noche solo deparó morralla.

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