Primavera, tiempo de herreras

El viento de poniente nos hizo modificar nuestro rumbo y dirigirnos a un pesquero desconocido hasta ayer donde se podría lanzar sin mucho problema,para al menos gastar el cebo y relajarnos.
Cuando llegamos el viento parecía amainar y el agua parecía limpia. Probamos con bajos flotantes ya que el otro día nos salvaron de un bolo con jureles y besugos, pero la actividad era nula con el sol. Cuando me dispuse a coger agua para mantener el cebo vivo note que la temperatura del agua era más elevada que el último día, le dije a mi amigo Jose que eso era buena señal y que igual tocábamos alguna herrerilla.
Fue con la siguiente lanzada, justo al ponerse el sol cuando mi indicador de picada cayó hasta el suelo destensando el hilo. Al recoger notaba leves cabezazos que se hicieron más duros a medida que se acercaba el rompeolas. Así obtuvimos la primera herrera, que entró a la lombriz de arena. Pocos minutos después la caña de José se arquea bruscamente y nos hace levantarnos de la silla sabedores de que la Tita podía traer alguna sorpresa. Así fue, y al otro lado salió una Herrera de 800 gramos que presentó una dura batalla. Durante media hora las picadas se sucedieron, cesando la actividad en torno a las 10, cuando la morralla devoraba todo lo que colocábamos. Lo mejor volver a ver a estos habitantes de los arenales de regreso por primavera.

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