¡Qué gran picada!

imagela noche era tranquila, una estrella de mar que mordió la lombriz.

Eran las ocho menos cuarto cuando decidimos irnos a pasar el fin de semana a la casita de Cabo de Gata que tienen mis suegros. Consulto rápidamente el estado del viento y veo que hace una noche perfecta para pescar, o al menos intentarlo cómodamente. Sin nada preparado salgo zumbando a mi tienda de pesca, allí compro titas de palangre, americanas, catalanas y el poco conocido cordel, que tan buen resultado me ha dado otras veces con los anhelados espáridos. Como iba solo y lo primero es la seguridad monté mis Cañas frente al paseo marítimo, no tarde no cinco minutos en lanzar la primera cuando – tal vez motivado por ese poder de atracción que tienen dos Cañas en época estival- se acercaron varios turistas a observar y preguntar. Unos minutos más tarde se acercó otro pescador, VICTOR, y trasladó sus capas al lado. Hablamos de la pesca fluvial, la que el practicaba en su León natal y le expliqué lo poco que conozco sobre surfcasting. Mi reciente amigo me dijo que había consultado este foro antes de partir a Almería, por lo que nos reímos al decirle que era yo el administrador. Esperando las picadas se sucedían, pero las capturas no eran dignas de mención y se devolvían al agua. Apenas tres herreras y una oblada de buen porte. Cuando casi decidíamos recoger adormecidos y entumecidos por el fresquito marino de las 3 de la mañana, decidimos colocar las dos ultimas titas. Una se la puse licrada a Víctor, que con su caña de spinning apenas lanzaba 40m, la otra la lance yo todo lo fuerte que pude y supe. Mientras íbamos recogiendo los materiales vemos el pivote de mi compañero caer y subir agresivamente, apretamos el freno del carrete y notamos que algo cabecea al otro lado unos instantes pero cesó enseguida. Recogemos el aparejo y nada, ni anzuelo ni Tita, lo había cortado todo. ¿Qué sería? Es una playa de arena y el anzuelo lo empatillado por mi mismo con fluorocarbono nuevo. No hay congrios en esta playa, ¿sería alguna anjova? Mientras imaginaba que bicho me había desmontado ¡grrrrrrrr! El carrete de mi caña empezó a sonar, la mejor música que puede oír un pescapoco, un tirón enorme y violento en mi caña. Dejo que se embuche bien antes de cogerla…

Cuando la saco del pincho, con alguna dificultad lo mismo, hilo cortado. Llevo desde entonces pensándolo, ¿qué especie sería? Fantaseando e imaginando cuento los días hasta que el plomo vuelva a volar hasta tocar el agua.

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